Madrid dormido y la olla a presión

Madrid está viviendo un boom, algo que se refleja en su espectacular ascenso en diversos índices internacionales: octava posición global en el Global Fashion & Luxury Cities IPX, salto del puesto 26 al 9 entre 2016 y 2021 en el índice de ciudades globales de la Mori Foundation, mejores calles comerciales de Europa según Business News, segundo mejor destino urbano del mundo en 2024 según TimeOut, mejor destino urbano global en 2023 según Euromonitor International, segundo lugar en inversión hotelera en Europa hace dos años y un crecimiento sostenido del PIB por encima del español, cuando los datos nacionales ya sorprenden a nivel europeo.

Donde más destaca la región metropolitana es en índices inmobiliarios, turísticos, de atracción de inversión extranjera y comercio de lujo.


A nivel nacional la comparación con Barcelona es inevitable. La ciudad catalana, tras una astuta y ambiciosa regeneración urbana, se había convertido en la carta de presentación de España ante el mundo. Sin embargo, los últimos datos demográficos (Madrid atrae a ciudadanos españoles y Barcelona los pierde), turísticos (Madrid está a punto de superar el gasto turístico urbano de Barcelona), económicos (el famoso sorpasso del PIB autonómico) y de atractivo general (hace tres años, el Wall Street Journal elogiaba los encantos artísticos y arquitectónicos de una capital entonces poco valorada) sugieren que los roles han cambiado: Madrid se ha erigido como la ciudad de referencia para empresas, talento y visitantes de nuestro país.

La capital española se está consolidando como la urbe más importante e influyente no solo a nivel nacional, sino de todo el sur de Europa. Pero está siendo una evolución extraña  y, cada vez más, problemática.

Futuro recrecido en un edificio histórico en el distrito de Chamberí. Imagen compartida en el foro Urbanity

Lo más particular del auge madrileño es que no se traduce en ni es fruto de una transformación urbana significativa, más allá de la apertura de hoteles en el eje de la Gran Vía o el desarrollo de algunas promociones de lujo en Chamberí y Salamanca y la incapacidad que muestran las administraciones madrileñas y el Ministerio de Transportes de seguir el ritmo a la dinámica metrópolis: producción de viviendas, extensión de la red Cercanías, plan de ampliaciones de Metro guardado en el cajón.

Donde Miami construye rascacielos de cientos de unidades residenciales para fortunas internacionales y nuevas sedes para entidades financieras internacionales, París se esfuerza en mantener su Grandeur  con proyectos emblemáticos y la reinvención de su periferia, Barcelona regenera su litoral y es capaz de relanzar barrios y distritos enteros, Londres materializa varias “operaciones Chamartín” en lo que nosotros tardamos en tramitar la aprobación de la nuestra, Milán celebra una Exposición internacional y construye varios distritos modernos con el sello de lo mejor de la arquitectura italiana… Madrid se limita a abrir hoteles de lujo en el mismo eje, avanza algún PAU periférico, añade plantas a edificios históricos o reforma plazas del centro por segunda vez en dos décadas.

Resulta difícil creer en este espectacular ascenso madrileño desde Carabanchel, Tetuán o Getafe, desde la mayor parte de la metrópolis.

El auge de la ciudad de Madrid no se está traduciendo en una transformación de la ciudad. Y empieza a ser problemático. La urbe crece pero sin una evolución urbana pareja. Crecen las empresas sin distritos de negocios a su altura, crece la población sin materializar un número necesario de viviendas, crece la demanda de vivienda asequible mientras las unidades sociales y públicas son asombrosamente bajas, las operaciones turísticas y de residencial de lujo solo pueden desarrollarse tras caros y lentos procesos de adquisición de edificios o manzanas enteras desplazando usos y residentes. Las asignaturas y problemas urbanos que tenía Madrid se mantienen y no se abordan como la herida de la M-30, la descompensación norte-sur metropolitana o el escaso espacio peatonal más allá del Centro.


Que esto no nos lleve a pensar que esa transformación urbana no es relevante, que Madrid se desentiende de ella y gracias a ello crece. «Jaque mate urbanistas, hemos logrado nuestra particular fórmula de éxito». No. 

Todo lo contrario. Este enfoque convierte a Madrid en una olla a presión: la saturación del Centro, la escasez de suelo para hoteles y viviendas de lujo, la dispersión de empresas en campus periféricos mal conectados, la crisis residencial más grave de Europa y la falta de infraestructuras metropolitanas son síntomas de un modelo insostenible y muy problemático, incapaz de detectar potenciales urbanos y que no deja de desaprovechar oportunidades económicas y sociales.

De seguir sin hacer nada, en esta posición inmovilista, Madrid corre el riesgo de una temprana “muerte de éxito”, que las enormes tensiones generadas desborden a habitantes y administración, que verían mucho más atractivas e interesantes posiciones decrecentistas y estáticas. Podría ser el caso de la boyante Málaga, cuyo meteórico ascenso chocó con el limitado músculo de vivienda asequible local, la escasez de parque residencial para atraer nuevos trabajadores, un urbanismo limitado y rígido, la descoordinación metropolitana, la escasez de oficinas y la saturación de las infraestructuras de transporte. 

Donde se hacen fotos los turistas (rojos) y donde los madrileños (azul). Se hace evidente la concentración de turistas en el Centro y e Parque del Retiro, justamente siguiendo itinerarios peatonales atractivos, espacio público atractivo y oferta cultural, abarcando una superficie relativa muy pequeña de Madrid

No es una receta exitosa. Madrid crece a pesar de esta inacción de sus administraciones: el Ministerio no amplía Cercanías, la Comunidad no coordina una estrategia metropolitana y el Ayuntamiento no planifica y desarrolla operaciones urbanas necesarias, aunque es lo que necesiten sus residentes y empresas. Porque no se trata de enfrentar necesidades de los habitantes con las de las empresas. No estamos en ese plano aun. Estamos debajo. Las empresas sufren la falta de planificación y transformación urbana: no hay más sitios atractivos con espacio para construir hoteles y viviendas de lujo, no hay centros de negocios homologables a los de las principales ciudades globales (uno de los graves puntos débiles de la candidatura madrileña en el Brexit con un éxito muy cuestionable), el Madrid metropolitano no desarrolla sinergias y economías de escala porque ha sido incapaz, o no ha previsto, de crear clústeres especializados en sectores económicos concretos. La misma desconexión, tan grave en Madrid, entre ejes de movilidad y centros de empleo, perjudica tanto a empresas como a trabajadores.

Y se empieza a notar. No todos los índices son positivos. 

Madrid escala posiciones en ciudades en riesgo de sufrir una burbuja inmobiliaria y dependiendo del índice, a escala global, Madrid tiene un desempeño pobre en startups, innovación, economía y planificación urbana (IESE Cities in Motion 2022), universidades y atención sanitaria global. Incluso desciende un número importante de posiciones en cuanto a calidad de vida según el cuestionable ránking de The Economist

¿Y cuál es el plan? No hay plan.

Nadie propone operaciones urbanas integrales que podrían solucionar problemas urbanos además de dar respuesta a necesidades del mercado y de los vecinos (se ha sugerido en el foro Urbanity soldar la brecha de la M-30 con operaciones de aprovechamiento del suelo). 

Nadie avanza seriamente hacia la generación de otros polos de actividad que suavicen la seria saturación del Centro (peatonalizar una calle en Usera y ponerle dos arcos chinos está lejos de eso) ni de desarrollar clústeres como si consiguen hacer Tokio, Fráncfort o Londres.

Ni siquiera la enorme urbanización de la Estrategia del Sureste (una enorme bolsa de suelo del tamaño de Bilbao para 150.000 viviendas) solucionará la gravísima crisis residencial al tratarse de un urbanismo extensivo y que parece va a tener graves problemas de conectividad pues Comunidad y Ayuntamiento se han desentendido de los proyectos de movilidad que preveía el PEISEM, Plan Especial de Infraestructuras del Sureste de Madrid, además de los habituales problemas de infradotación de todos estos nuevos desarrollos.

El Insitut Paris Region se sorprendía, en la comparación de la propuesta neoliberal que ofrecían Londres y Madrid, de la capital española: sin plan metropolitano y ajena a los proyectos de desarrollo que tanto han transformado el Londres de las Opportunity Areas (zonas con potencial que la capital británica ha desarrollado en modernos distritos residenciales y económicos). En Londres las negociaciones entre actores públicos y privados se enmarcan en una Planning Law mientras en Madrid son discrecionales. Tampoco existe una herramienta normativa de discusión. Concluía con «la Comunidad Autónoma de Madrid … no desempeña el papel de autoridad metropolitana que estructura la gobernanza del desarrollo».

Sacar adelante PAUs y polígonos periféricos, con algún que otro pet project («actividad o proyecto que una persona desarrolla por interés personal, sin una conexión directa con su trabajo u obligaciones principales») es un “plan” limitado e insuficiente para Madrid, que desatiende numerosísimas problemáticas y que nos abocará a tensiones metropolitanas muy serias, de integración y desigualdad, un colapso de las redes de transporte, de pérdida de atractivo generalizado y de competitividad frente a otras metrópolis que sí han hacen los deberes.

¿Cómo será el Madrid DF de Fernando Caballero, la urbe de los 10 millones de habitantes, sin ampliaciones necesarias de Cercanías ni planes globales para Metro, sin aumento realmente masivo del parque de vivienda pública y asequible, con una población mucho más dispersa pero peor conectada, sin coordinación metropolitana aunque la conurbación madrileña avance inevitablemente hacia la fusión urbana de municipios distintos, sin generar nuevos lugares atractivos para el ocio y la cultura más allá del Centro, con la concentración del empleo en un eje del Norte de la ciudad? 

Parece que nadie se lo plantea. 

Un comentario en «Madrid dormido y la olla a presión»

  1. Madrid crece a golpe de Planes especiales de Vivienda, que son todo operaciones especulativas, sin ninguna planificación ni revisión del PGOUM. Los políticos no ven incentivos si les vale con hacer apaños aquí y allí.

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